viernes, marzo 02, 2012

Deslizándose




Todo anda en penumbra. Posa sus delicados dedos sobre ellas, empieza a deslizarlos sin a penas acariciarlas.
No acaba de atreverse, le faltan fuerzas, confianza y seguridad. Imagina cómo sería hacerlas sonar, hacerlas vibrar.
Sin darse cuenta empieza a alzarse su voz, a expresar su dolor, dejando escapar todo aquello que le limita. 
Sus manos funcionan solas, escucha la melodía que acompaña a sus palabras, le suena perfecta, no podía esperar un mejor acompañamiento.
Esa sensación de flotar en el aire mientras toca su canción en ese maravilloso piano le hace escapar de la realidad.
Sabe que está sola, aun así siente que la escucha todo el mundo y que oyen su grito.
Termina su canción con una fuerza desconocida para ella y se deja embargar por los aplausos del público que no está presente.

martes, diciembre 13, 2011

Negro o blanco




A veces negro, otras blanco, todo depende del ojo avizor.
En la calle, vagando sin marcarse un rumbo, todo lleno de gente, barullo, ruidos… sigues caminando por las calles perdido.
Observas la gente sentada en una terraza compartiendo alegremente vivencias, secretos, cotilleos, y te preguntas por qué no eres como el resto.
Sigues andando y llegas a un punto donde desaparece la gente, silencio, tranquilidad que a la vez asusta.
Tus ojos como locos espían el lugar, si, sigues allí, en el mismo sitio, pero todo el mundo ha pasado a ser invisible.
Sigues andando, intentando esclarecer que ha sucedido.
Oyes un pequeño siseo y ves una mosca, sólo hay una mosca, se posa en un cuenco sucio de helado en una de las terrazas.
La sigues vigilando, y empieza a mover sus minúsculas alas y para calmar tu sed de curiosidad la sigues lentamente.
Llega a un edificio medio derruido, sin darte cuenta de su aspecto entras dentro y cuando la luz se convierte en negro te encuentras perdido, ya no puedes seguir a la mosca, y estabas tan abstraído que no recuerdas donde está la salida.
Decides seguir adelante, pero no estás seguro, ¿estaré avanzando o me estaré perdiendo aún más?

C. Aliaga C.

miércoles, septiembre 14, 2011

Jugando a muñecas



Llega a casa y se siente cansado.
Los ojos le pesan, mucho, muchísimo. Hoy es uno de esos días que se hubiera quedado las 24 horas dentro de la cama.
¡No puede ser! ¡los muebles están cambiados de sitio! No puede entender qué ha sucedido. Nada está en su lugar. 
Últimamente notaba una sensación extraña, como si alguien o algo le observase. Ya está, alguien le está queriendo gastar una broma pesada, la típica coña de cámara oculta. Si, era lo más factible.
Así que nada, decidió cenar, hacer como si nada, por si la cámara oculta le estuviese grabando, no quedar muy en ridículo. Después de su dulce nocturno y su cafetito, por supuesto descafeinado, que si no, no podría dormir, decide irse a la cama pensando las horas que le quedaban por delante, ya que al día siguiente no tenía que trabajar.
Unos toquecitos en la ventana le despiertan por la mañana, y medio abriendo los ojos empieza a maldecir a lo que le esté perturbando el sueño. Paran los toquecitos y decide seguir en los brazos de Morfeo.
Otra vez golpes en el cristal de la ventana, decide ignorarlos (quizá debería comprar tapones para los oídos).
Cuando los toques empiezan a ser insistentes, se levanta con un cabreo descomunal decidido a echarle la bronca al niño que estuviese tirando piedras a su ventana, o a cargarse el pájaro que estuviese dando picotazos al cristal.
Cuando está a menos de medio metro de la ventana empieza a restregarse los ojos, si, eso era, el cansancio le estaba jugando una mala pasada, seguro que se encontraba soñando, teniendo alguna especie de pesadilla rara.
Se acerca más y más a la ventana y ahí está, lo que parece un dedo humano de dimensiones enormes. Se esconde detrás de la cama. Se oye una voz que le indica que no debe preocuparse, que siempre ha estado cuidando de él.
Ya está, pensaba, he muerto y si que existe el cielo, y yo creyendo toda mi vida que la religión era una sandez.
La voz le sigue diciendo que salga, que tiene un regalo para él, que por fin van a conocerse.
Pasados los días al final la voz se gana la confianza de Marcos y éste decide salir. Le enseña el mundo que hay a su alrededor, y ese día se dio cuenta que estaba viviendo en una ciudad creada con casitas de muñecas.

miércoles, agosto 10, 2011

Una tarde desde mi cama

Me susurran cosas al oído, este viento travieso quiere jugar.
Mi mirada fija en la ventana ofrece mi reflejo. Mis cabellos ondeantes se mezclan con las hojas de la palmera que se mueven al mismo son.
Una golondrina, desde cerca es más preciosa y más espléndida. Se aprecia lo menuda que es. Se posa en la repisa de mi ventana, parece que viene a saludarme y a darme las buenas tardes. Quédate conmigo y cuéntame como se ve la vida desde ahí arriba, qué se siente al poder volar y sentirte dueña del mundo. Cuéntame lo que tus ojos han visto.
Me abandona.
Sigo mirando hacia la calle, pero no pasa nada interesante. La misma gente de siempre.
El mismo niño con el mismo patinete todos los días. Las otras dos niñas jugando con su balón azul. Otro par de niños patinando.
Que monotonía.
Y yo sigo con mi monotonía de todas las tardes, mezclarme con las hojas de palmera, dejar un regalo para mi golondrina y observar a la gente de la calle mientras el respirador artificial y las máquinas que me rodean me ofrecen vida.

martes, julio 26, 2011

PARA MI MEJOR AMIGO

Abro los dos ojitos, redondos, negros, levanto un poco la cabecita; que no se note.
Me hago el despistado y vuelvo a hacer como que duermo, quizá así no se de cuenta y no me haga levantar.
Incluso resoplo, hago como que ronco... pero creo que, como siempre sucede, no voy a tomarle el pelo.
Me levanto por fin, voy a beber un poquito de agua, eso de roncar por las noches me reseca mucho la garganta. Vuelvo y me meto de nuevo en mi cama, a ver si hoy es buena y me deja dormir un ratito más, sólo cinco minutitos más.
El collar, ya se me olvidó otra vez quitármelo para dormir, no escarmiento, ¡y eso que me molesta!
Vaya, lo he conseguido, se va, cierra la puerta de casa y no me dice nada ¡carta libre para seguir durmiendo hasta que me harte!
Aunque bueno, estirar un poquito las piernas no me vendrá mal, miro a ver si como algo, y me vuelvo a la cama.
Ahora con el calor estiradito mejor, así se está más fresquito.
Todavía no ha terminado su jornada de trabajo... voy a seguir durmiendo, o quizá inspeccionando un poco la casa, así mato el aburrimiento. También me puedo acercar a ver a Blacky (nuestro hamster) y a Nodi, Popi, Nemo y Fregona (nuestros pececillos) (lo de Fregona es por el rey de la casa, él manda, así que así se llama el pez que va limpiando los cristales).
Ya oigo sus pasos, se va acercando a la puerta, ruido de llaves, ¡SI! ¡aquí está! 
Salgo corriendo a recibirla, moviendo la cola, dando saltos en círculos y pegándole un lametón en la pierna. Uys, espera, que creo que me pica la oreja, mejor será que me siente a rascarme un poco con la patita, y luego ya sigo dando mimos a la humana que me cuida.

lunes, mayo 09, 2011

No se va

Hola, me llamo Mario y todos los días es lo mismo, de lunes a viernes repetir los mismos pasos.
Me levanto, escojo la ropa que me voy a poner, la dejo encima de la cama.
Me voy al baño, me lavo la cara, me hago el pelo, me lavo los dientes y, si es necesario, me afeito.
Vuelvo a la habitación, me pongo el traje, le hago el nudo a la corbata, escojo los zapatos y cinturón a juego.
Cojo el maletín que está encima del sofá.
Bajo a la calle y voy al bar de siempre a tomar mi desayuno (muchos me critican y dicen que debería hacérmelo yo, pero no me importa lo que opinen).
Llego al trabajo, papeles por aquí, papeles por allá, llamadas telefónicas, almorzar, seguir con lo mismo de antes, parar a comer con clientes, volver a la oficina y a las 19:00 me voy a casa.
Rápido, no puedo pararme, ya está la vecina de enfrente que siempre me quiere dar conversación. No me puedo parar, no, primero tengo que sacarlo de ahí, tengo que resetearme, y eso me lleva varias horas.
Hago como que hablo por el móvil, saludo alzando un poco la cabeza y me meto corriendo en casa.
Dejo caer el maletín en la entrada de la casa y mis pies intentan ir más rápido de lo que pueden.
Bien, ya estoy frente al espejo.
Primero, mirar en el interior de las orejas, mmmmmmmm, no se asoma, a ver ahora la izquierda, tampoco (¿por dónde saldrá hoy?). Pasamos a ver la garganta, tampoco hay suerte.
Esta vez quizá sea por los ojos!
Tampoco.
Decido ir a tomar una taza de café para engañarle, está aprendiendo ya la rutina, y sabe lo que toca a las 19:50 cuando acabo de llegar a casa.
Noto movimiento, ¿será?
Voy sigilosamente al baño y hago como que me afeito, y ahí está, empieza a asomar.
Hoy le ha dado por el oído derecho.
Poco a poco acerco mi mano y consigo atraparlo.
Ya está, fuera.
Recuerdos malos reseteados.

viernes, abril 15, 2011

Ansiedad

Media hora delante del ordenador, intentado teclear algo. Pasan los minutos, y nada, su mente sigue vacía.
¿La habría perdido? ¿Le había abandonado?
¿Dónde estaba esa creatividad que antes le salía a borbotones?
¿Y si salía a pasear por la playa?
Así hizo, cogió su chaqueta (ya que todavía refrescaba un poco) y se montó en su coche (pobrecito, estaba ya viejo, pero tenía un gran valor sentimental para ella). Llegó a la playa, estaba todo en calma, el mar en silencio, nada por los alrededores, estaba en su mundo y era sólo suyo.
Se quitó las zapatillas y empezó a pasear por la orilla, dejando que el agua borrase sus pasos según hacía camino.
Llegó a una duna, su duna, en la que había pasado tantas horas pensando, cantando, divagando, y donde tantas ideas habían venido a su mente.
Se tumbó mirando hacia las estrellas (ya había anochecido) y decidió estar así unos minutos antes de volver a casa, para ver si la brisa marina le introducía ideas en su cabecita.
Notaba sus ojos pesados, prometió no dormirse.
Sobresalto. ¿Quién andaba ahí? No era muy normal que por estas fechas, y aun menos a estas horas, hubiese alguien por la playa.
¿Dónde estaba su duna? No reconocía la playa en la que estaba, ni esa era su duna.
¿Y las llaves del coche?
No entendía nada.
Silencio.
Pasos.
Volvía el silencio.
Miraba hacia todas partes vislumbrando lo que la noche le permítía. No encontraba al dueño de esos pasos.
Su corazón latía cada vez más rápido y empezaba a encontrar límite en su piel para salirse.
Desesperación.
Volvió a cerrar los ojos, para ver si era una pesadilla. Abría uno y seguía en aquel lugar.
¡Maldita sea!
Quería moverse de allí, pero su cuerpo se encontraba anclado. Las extremidades le pesaban cuál piezas de plomo.
Angustia.
Segundo a segundo los pasos se oían más cerca.
¿Querrían hacerle daño?
Gotas de sudor empapaban su ropa.
Volvía a notar los ojos pesados, se le cerraban (pero, ¿cómo se le podían cerrar en esas circunstancias?)
Ansiedad.
Se ahogaba, su pecho se hacía cada vez más pequeño y su corazón estaba cada vez más oprimido.
Necesitaba salir de ahí.
Entonces una voz (ya estaba, su final lo sentía cerca).
Cuando cuente hasta tres, despertará.
Un
Dos
Tres
Sus ojos se abrían lentamente, ahí estaba, volvía a sentirse segura.
La consulta de su psiquiatra.
No conseguía recordar aquel fatídico día, pero desde la primera sesión de hipnosis que le recomendó su médico, se encontraba más cerca para descubrir quién intentó robarle la vida en su querida playa.

jueves, abril 07, 2011

Vos trobe en falta

Extraño querer verte y darme cuenta que no puedo.
Extraño querer hablarte y darme cuenta que no me respondes.
Extraño querer tocarte y quedarme con la mano acariciando el aire.
Extraño querer olerte y que tu aroma pase desaparcibido.
Duele echarte de menos y duele asumir que será así siempre.
Carmen Aliaga

viernes, abril 01, 2011

Sienta bien

Suena el despertador y abre un solo ojo. Lo mira y le dice "cállate", 5 minutos más sobre la almohada.
Vuelve a sonar... vuelve a abrir un solo ojo, empieza a detestarlo.
Nota como un calorcillo agradable empieza a acariciarle la cara, el sol, le encanta. Se siente más viva.
Se sienta sobre la cama y deja que la luz del sol la alumbre de arriba a abajo haciéndole entrar en calor.
Mechones de pelo le caen sobre la cara mientras mira de lado hacia la puerta, esperando que su querido amigo perruno entre a darle los buenos días.
Él sigue durmiendo, no quiere despertarle, se le ve tan feliz.
Se viste sigilosamente para salir de la habitación. Una vez fuera empieza el ajetreo.
Prepara una buena taza de café con leche, como a él le gusta, dos cucharadas de azúcar, ni una más, ni una menos. Tostadas. ¿Hoy las querrá con aceite? seguro que si, es como más le agradan.
Se va calzando sus zapatillas.
Deja la bandeja con el desayuno en la mesilla de noche, para que el aroma del café le haga abrir los ojos. Le da un beso en la frente y se va hacia la puerta.
Coge las llaves, la correa de su amigo fiel y sale a correr.
Sienta bien no necesitar mucho más para sentirse feliz.

martes, enero 11, 2011

Pena

En la etapa de la inocencia le arrancaron lo más preciado que tenía.
Todas las noches se preguntaba en qué falló, que hizo mal, cuál fue su error.
Sobrevivir en una jungla donde ella era un dócil cervatillo, frente a manadas de leones.
Todas las noches se escondía en su rincón, sintiéndose protegida de las garras que la acechaban. Otras noches quería darse por vencida, su cuerpo y mente no podían más.
El dócil cervatillo creció y se endureció.
Para ella, los leones pasaron a ser gatitos fáciles de manejar. Sólo había una excepción, uno de ellos era imposible de eliminar de su cabeza. Cada vez que estaba cerca notaba como todos sus músculos se estremecían de terror. Pero llegó el día en el que el cuerpo del León se consumió, junto con su alma.
Se sintió liberada, bueno, creyó estar liberada. Se dio cuenta que por mucho que desapareciese, el terror seguía en sus recuerdos, en su piel, en sus ojos, en cada centímetro de su cuerpo.

martes, diciembre 21, 2010

El rincón de los sueños

  Cada noche se sentaba a dejar volar su imaginación.
Su pequeño cuerpo tembloroso asía con fuerza su manta, para ella era su armadura.
Cerraba los ojos e imaginaba que era intocable, que esos momentos eran sólo suyos y que nadie los podría perturbar.
Empezaba a volar viéndose desde lo alto, abandonando su alma terrenal para alejarse de aquel lugar.
Visitaba parajes que existían únicamente en su mente, donde la realidad era la que ella creaba.
Pasos, volvía a la cruel realidad; pasaban de largo, sus temblores disminuían según se alejaban.
Podía seguir soñando.
Había creado su mundo, su ciudad, donde era dueña de todo lo que allí sucedía.
Era muy pequeña, no conseguía entender por qué necesitaba esos momentos de locura para no perder la cordura.
Pasos de nuevo, sus oídos se agudizaban para no dejar de percibir el sonido. Su cuerpo estaba alerta. Temblores de nuevo; volvía al sosiego, tampoco se detenían.
Sus redondos ojos empezaban a cerrarse por el cansancio, ya todo era silencio a su alrededor; esa noche creía que podría dormir tranquila, sin peligros y fantasmas acechantes.

domingo, marzo 07, 2010

Hola de nuevo!!!!
Os dejé la dire del foro que creé con un par de personas, pues bueno, deciros que hemos ampliado los intereses.
Animaros a pasar a visitarnos y por qué no, a quedaros con nosotros.
Tenemos espacio para la lectura, la escritura, la cocina, el cine, series, para conocernos entre los foreros.

De verdad, espero que os animéis y os quedéis con nosotros.

www.librosylibros.creatuforo.com

martes, marzo 02, 2010

Buenas a todos!
A ver si ya me voy poniendo más al día en esto de actualizar mi blog.
Quería dejaros este enlace de un foro que he creado junto con otras personas, para compartir la afición por la lectura y la escritura.
Me encantaría veros por allí y que participeis, ya que muchos de vosotros teneis un gran talento para la escritura.
El foro es www.librosylibros.creatuforo.com

Lo dicho, me encantará veros por allí!

miércoles, enero 06, 2010

Hace tiempo

Hace tiempo que no escribo, entre estudiar y que he andado corta de tiempo... a ver si pronto puedo volver y escribir alguna cosilla.
Viendo cosas por la red he visto algo que me ofusca, es que soy muy de mi tierra, y lo que acabo de ver me toca la fibra sensible.
En un libro de cocina ponía paella valenciana ( y ofrecen nuestro plato típico como si fuese una mezcla de lo que te sobra por la nevera...), cuando la paella valenciana, como tal, es carne de pollo y conejo y la verdura típica de paella, y por supuesto el arroz, ni más ni menos, ni mejillones, ni alcachofas, ni pimiento, etc etc, otra cosa es que alguien le quiera añadir cosas, como hacemos todos, hay muchos arroces secos, pero en serio, parece mentira que el que escriba un libro de cocina no se pare primero a ver como es realmente la paella valenciana típica.
Y luego está lo del alioli... es una mala traducción de "all i oli" que traducido al castellano es ajoaceite.
Quizá me pase un poco, pero no sé, yo si quiero hacer o probar un plato típico de alguna tierra, busco bastante para asegurarme que la receta está escrita por alguien de esa misma tierra, no sé, manías que tiene una.

Por otra parte también necesitaba expulsar un poco los nervios pre exámenes, jajajajajjaja.

miércoles, octubre 28, 2009

Recuerdos

Recuerdos...
Qué seríamos sin recuerdos, peces, simplemente seríamos peces.
Los recuerdos nos hacen, experiencias vividas que nos van creando como personas.
Y yo me pregunto, ¿se hace uno mismo o le hacen sus vivencias?
Recuerdos que queremos tener siempre presentes y otros que tratamos de oprimir.
Se asoman cuando queremos que se oculten y no aparecen cuando los buscamos.
Recordar... que bonito y sufrible a la par.
Ella se sentaba en su sillón de lectura como cada noche, cogía uno de sus libros y se sumergía en un mundo fantástico, que creaba con cada palabra y línea que iba consumiendo.
Y de repente, estaba en su cabeza. Maldito recuerdo, la atormentaba a días, y por más que siguiera leyendo, intentado crear un mundo paralelo, no desaparecía.
Sonó el teléfono, pensó que al menos, por unos minutos, ese martilleo en su cabeza la abandonaría, y no era así, seguía y seguía; su novio, al otro lado del teléfono, le reprochaba que no le escuchaba, y ella siempre que ocurría eso mismo le decía que era un mal día.
Malos días, últimamente tenía muchos malos días.
Cerró el libro y decidió irse a dormir; quería soñar con algo bonito y borrar esas imágenes que le venían.
Y consiguió soñar, pero su mente creó una pesadilla de lo más real, ahí estaba, donde años atrás, sintiéndose pequeña, como si fuese nada, no le gustaba esa sensación, quería despertar, dejar de soñar, se gritaba a sí misma que despertase.
Su peor miedo, su peor recuerdo, invadió sus sueños. Morfeo la abandonó a su suerte.
Se despertó sobresaltada. Otra vez no. Había vuelto a sentirse pequeña, humillada, débil, vulnerable.
Se puso ante el espejo de cuerpo entero que tenía en su habitación, adoraba aquél espejo.
Se miró de arriba abajo, y ahí estaba, la mujer fuerte que era, en lo que se había convertido, y todo gracias a ella. Se había hecho a ella misma.
Era una mujer con suerte, si, lo veía, estaba donde quería.
Así debía ser, los recuerdos se quedaban ahí, ahora ella era mucho más de lo que era en esos recuerdos.

C. Aliaga C.

lunes, julio 13, 2009

Obsesión

Le observaba desde la ventana, tenía la cabeza posada sobre la mesa, la penumbra reinaba por la casa. Hacía tiempo que le vigilaba, la obsesión podía con su cuerpo, le arrastraba.
Su cuerpo le pedía más, pero no, no debía sobrepasar ese límite, esta vez la razón tenía que vencer.
Seguía con la cabeza sobre la mesa, hundida entre los brazos, al parecer la cantidad de whisky que bebió surtió sus efectos.
Sus brazos definidos y musculosos, su cabellera negra, cómo deseaba acariciar cada parte de su cuerpo, pero no, debía no sobrepasar la barrera de la ventana. Se encontraba sentando en la mesa del comedor, parecía que los muebles fuesen a juego con él, encajaban perfectamente. Muebles clásicos, de color oscuro. Él todavía llevaba el traje de cuando salió de la oficina y la corbata estaba tirada sobre el respaldo del sofá.
¿Lo había seguido desde que salió de la oficina? No podía creerlo, no recordaba haberlo hecho, sus manos sudorosas luchaban una contra otra, su obsesión empezaba a ganar la partida.
De repente vio como él de un respingo levantó la cabeza, tenía los ojos inyectados en sangre, no entendía qué le estaría pasando. Se levantó furioso.
¿Qué le sucedía? Entonces se dio cuenta, había una mujer dentro, OTRA MUJER, no podía creerlo, tenía que ser sólo para ella, cómo osaba esa zorra arrebatarle lo que tanto tiempo llevaba deseando.
Una mueca de alegría se manifestó en su cara, si él se había levantado furioso y se había ido hacia la cocina, es porque no quería saber nada de esa cualquiera. Eso estaba mejor, una persona menos que resultaría perjudicada.
Pero su desasosiego aumentó al ver que él volvió al comedor y se acercó a la mujer, ¡había ido a la cocina para servirle una bebida!; habría sido su imaginación la que le hizo creer que se levantó enfadado, sus ansias de que rechazase a esa que se encontraba en su casa le habían hecho ver cosas que no eran.
Él empezó a meter sus dedos por la larga melena de ella, empezó a besarla, haciendo uso de su pasión la subió a la mesa del comedor, donde instantes antes dormía su borrachera.
La deja allí y se va un momento, vuelve y la sigue besando y acariciando.
Sus ojos están frente a los de él, nota el peso de su cuerpo sobre ella. Algo estaba humedeciendo su estómago ¿cuándo había llegado a la mesa del comedor? ¿cuándo había entrado en la casa de su amado?
Mientras su vida se escapaba surgió un momento de claridad. Al final sobrepasó el límite. Encontró una ventana medio abierta. Una vez dentro lo había despertado. Él furioso fue hacia la cocina a buscar algo con lo que defenderse de ella, pero cuando Alicia vio la reacción no le quedó más remedio que sacar la pistola que escondía y le hizo volver allí.
Su debilidad pudo con ella, él le pidió perdón por su reacciíon y le traía una bebida en son de paz. Le dio el vaso mientras le sonreía y con la otra mano le acariciaba su larga melena. Ella confiada se lo bebió de golpe feliz por ser correspondida. Le quitó el vaso de las manos dejándolo sobre la mesa de café y le hizo ver que para entregarse el uno al otro debía dejar también la pistola.
Por fin lo había conseguido, la quería, la amaba, así que le entregó la pistola.
La cogió y con su hipócrita fogosidad la subió a la mesa, la botella de whisky caýó al suelo desparramándose.
La dejó un momento con la excusa de un regalo que tenía preparado desde hacía tiempo para ella; Alicia nunca se imaginó que aquello hubiese salido tan bien.
Ahora se dio cuenta de cual era el regalo que le tenía preparado, su estómago húmedo, su mano tapando la herida por la que brotaba mucha sangre, su vida escapándose por momentos.
Las últimas palabras de él fueron "mi obsesión por matarte ha podido con tu obsesión por poseerme", y sus ojos se cerraron dejando escapar su último aliento.

C. Aliaga C.

miércoles, julio 01, 2009

Hace tiempo que no escribo, falta de tiempo y de inspiración, los libros de estudio machacan mucho las neuronas... y el veranito será para acabar de matarlas, ¿o se quedarán aletargadas? esperemos que así sea.
Qué bien, brisa fresca, el verano es estresante, calor, calor y más calor, nada como el entretiempo.

Bueno, dejo de desvariar... espero no me dejéis de leer, según recupere tiempo y esfuerzos escribiré, y por supuesto os seguiré leyendo a los que os sigo.

El entretiempo, es lo mejor, ni frío ni calor, la mejor época.

La verdad que estoy falta de ideas para escribir, tengo mi cerebro saturado.

martes, mayo 26, 2009

Joana


Sentado, observando la taza de café que tenía delante; el humo del cigarrillo se interponía entre él y su lectura, como cada mañana empezaba el día con su droga matutina y el periódico.
Aquel día no había nada interesante qué leer. La política le aburría, de economía no entendía mucho y los sucesos, si, era la parte que más le gustaba leer a la par que le entristecía todo lo ahí redactado.
Se fue al baño y empezó a llenar la bañera, como cada domingo le gustaba relajarse tomando un buen baño, y como cada domingo lo ambientaría con velas para sorprender a su mujer.
Se dirigió a su habitación, dio unos golpes suaves a la puerta y le dijo a su esposa que le esperaba una sorpresa. La sonrisa de felicidad demostraba cuánto la quería.
Se dirigió a la cocina, dejó más café preparado y unas tostadas. Le encantaba cuando ella siempre acababa con mantequilla y mermelada en la comisura de los labios y con la excusa él se acercaba y le propinaba un dulce beso.
Se metió en la bañera, oyó los pasos de su esposa, pero esta vez pasó de largo, no entró en el baño, ¿por qué? se quedó allí, inmóvil, asombrado, entristecido. A Joana le encantaban los domingos, sus domingos.
Salió de allí, empezó a seguir los pasos de ella, no conseguía alcanzarla, siempre se quedaba pisando su sombra.
No entendía, ¿por qué le rehuía?
Se cansó, se dirigió a la cocina, y allí seguía el café humeante, las tostadas en su plato y los cubiertos intactos.
Otra vez, había vuelto a hacer comida para dos, había vuelto a llamarla, había preparado de nuevo su momento especial de la semana. No, nunca se acostumbraría, la echaba mucho de menos.
Habían pasado toda un vida juntos, él contaba ya con 60 años y ella había muerto a sus 57. Toda una vida, vaya que si. 33 años preparando esos baños, manteniendo el amor que sentía por ella.
Se puso en su sillón favorito, donde cada noche él le leía algún relato a Joana, se durmió y allí estaba ella, en sus sueños, regalándole un beso de despedida hasta el próximo domingo.

martes, abril 28, 2009

Deseo


Llama a la puerta, nervioso, su cabeza es un hervidero, no sabe todavía el por qué se encuentra tras esa puerta. Escucha como se acercan unos zapatos de tacón, por su sonido serán de tacón de aguja, elegantes, sólo como ella sabe ser, el dibujo de esas perfectas piernas que terminan en esos pies que le embelesan.
Sólo consigue ponerse más nervioso. Hace meses que no hablan, hace meses que ella no le decía nada.
Silencio, oye como poco a poco el picaporte va girando por la otra parte de la puerta, sus manos empiezan a sudar, le sobran los guantes de piel, la corbata empieza a ahogarle, no sabe qué dirá según sus ojos estén frente a los suyos.
Se abre la puerta, allí está, preciosa, espléndida. Sus ojos verdes brillan más que nunca, su sonrisa perfecta le anuda el estómago, el vestido dibujando sus inquietantes curvas. Fantástica, en todo su esplendor, no había otra palabra que la pudiese describir.
Sus zapatos estilo años 40 le daban ese toque clásico que le volvía loco.
Intenta decir algo, pero ella posa sus dedos sobre sus labios para hacerle callar. No quiere escucharle, sigue enfadada con él, sólo le ha llamado con una intención.
Le coge de la mano y lo adentra en su casa, tic tac, tic tac, el reloj de pared les acompaña con su melodía interminable.
Se entregan, surge toda la pasión y lujuria reprimidas durante tanto tiempo. Como animales salvajes aprovechando los segundos antes del fin del mundo.
Siguen sin hablar, las caricias lo dicen todo.
Pero no, ella sigue muy enfadada, su objetivo era claro y debía mantenerlo.
Le pide que se vaya, sin mirarle a los ojos, él se queda de piedra sin entender por qué le quiere echar de su vida.
Le grita de nuevo que se vaya, él sigue sin enteder, aclarándole ella que le ofreció lo que él siempre buscó, que ahora ya no tendría la necesidad de hacerle creer que le importaba, que le interesaba.
Agacha la cabeza y se da la vuelta, permanece quieto, con la respiración entrecortada, empieza a vestirse; ella sigue impasible en su actitud, él se lo merecía, le hizo daño, la utilizó.
Sale por la puerta donde primero estuvo nervioso y ahora con lágrimas en los ojos. Cuidado, ella no debe darse cuenta, será mejor así, que le odie, porque así él conseguirá olvidarla, y logrará no pensar en las veces que se arrepintió al no decirle eres tú la que tanto tiempo esperé.


C. Aliaga C.

miércoles, abril 15, 2009

En la cima del Penyagolosa





Ahí empezaba la senda, bien señalada, marcada por las pisadas de los que nos hacían de avanzadilla. El sol intentaba colarse entre las ramas tupidas de los habitantes del bosque. Silencio, había que escuchar al riachuelo como pedía paso para bajar la ladera. Precioso, su agua cristalina te hacía evadirte del mundo que quedaba fuera de allí. El paisaje se iba decorando con mantas gélidas de nieve, que le ofrecía un brillo espectacular.
Seguíamos aquella senda, que según ascendía se iba convirtiendo en barro por la nieve derretida. Las flores nos espiaban ocultándose tras los troncos.
¡Qué relax! seguía el corretear del agua, la nieve embargaba con aquella blancura y los árboles nos rociaban para refrescarnos el calor ganado por lo andado.
Llegamos a la pista forestal, nuestros pies lo agradecieron, aunque ya no nos acompañaba tanto la vegetación, que se quedaba apartada a nuestro lado, como si se hubiese enfadado con nosotros por dejar de maravillarnos por sus adentros.
¡Por fin! la cima ahí está, estoica y desafiante, no por su dificultad para alcanzarla, si no por la belleza que desprende. Aquí la naturaleza es más juguetona, sendas estrechas, llenas de barro y de nieve, haciendo placas de hielo, esperando con su risa burlona que alguien se caiga de culo.
Falta la respiración, cansancio emerge de nuestro cuerpo, pero queda poco.
Después de sortear las serpenteantes sendas, ahí estaba, por fin llegamos, la cima, su majestuosidad se transmitía, te hacía sentirte dueño de tu mundo, intocable, pero cuando te envolvía con su frío manto, te hacía recordar que ella era más dueña del mundo que tú.


miércoles, marzo 25, 2009

Incertidumbre


Engaños, mentiras y farsas.
¿Por qué? ¿por qué necesitamos saber el por qué de las cosas?
Odiosa incertidumbre que se apoltrona en nuestro pensamiento, adueñándose de cada segundo que este está despierto.
Raciocinio estúpido hambriento de explicaciones que nunca llegarán.
Se conocieron por casualidad, desde el primer momento que hablaron surgió la magia, risas, miradas cómplices.
Él la seguía, la buscaba, necesitaba de su presencia, de sus palabras, su risa, su vivacidad.
Ella lo buscaba, necesitaba sus palabras, sus gestos, su madurez, su preocupación, su caballerosidad.
Y así pasaban los días, buscándose uno a otro para compartir su tiempo, su tímidez que les impedía admitir lo que sucedía entre ellos.
Él le hacía sentir única y ella le hacía sentir vivo.
Sus miradas cómplices llenas de deseo.
Y de la noche a la mañana desapareció, esa complicidad, esas sonrisas escondidas del resto de la humanidad, ese deseo.
Él cambió, ya no la buscaba, ya no la necesitaba ¿por qué?, se atormentaba con aquella pregunta día tras día; ¿qué había sido para él? ¿un entretenimiento?
Le hizo sentir tanto, se preocupó tanto por ella, la buscó tanto ¿por qué? ¿por qué de repente ya no quería ni conversar con ella?
Pasado el tiempo ella siguió con su vida, haciendo como que olvidaba todo aquello, como si no hubiese existido, pero a pesar de ello, en pequeños momentos de delirio, le asomaba la incertidumbre, que seguía ahí arraigada en su buen escondite.

C. Aliaga C.

domingo, marzo 01, 2009

Rutina

Lunes, rutina, despertador, lávate la cara, los dientes, cepíllate el pelo, desayuna y con los ojos todavía medio cerrados, al coche y a trabajar.
Rutina, comer, un rato de descanso y volver a trabajar.
Rutina, salir del trabajo e irse a casa, como mucho tomar un café o una cerveza con los amigos y de nuevo a casa.
Rutina, cenar, mirar un rato la tele y a dormir.
RUTINA. Martes, miércoles, jueves, viernes... Sábado y domingo, RUTINA.
Curioso, todo ser humano no quiere entrar en la rutina... y toda nuestra vida está regida por unas costumbres.
Cambios, grandes cambios y nos descolocamos, no encontramos nuestro lugar... y el resto de la gente no lo entiende, aunque pasen por situaciones similares, no lo comprenden, qué ganas pueden quedar de hablar con ellos.
Mundo egocéntrico, ¿nos acostumbraremos? no lo sé, nadie parece querer soportar lo de los demás, no quieren escuchar temas que no les resulten "interesantes".
Cada uno es como es, y si queremos a esa persona, no podemos pretender criticar cada forma que tenga de hacer las cosas o de meditar su vida, y si no queremos soportarlo, la respuesta a esa actitud es clara.
Y desvarío, de la rutina a la confianza de la gente, y quién si no está en nuestra rutina, las personas de nuestro círculo, así que todo se entrelaza, ¿no?.
Intento colocar cada cosa en su sitio, repartir todo... rutina, constante rutina, sin ti nos perdemos y junto a ti nos aburrimos. Qué complicaciones sin necesidad de tenerlas.


C. Aliaga C.

viernes, febrero 20, 2009

Mi horizonte


Sentada, mirando a lo lejos, me lo planteo, ¿qué he hecho con mi vida?. Sigo la línea del horizonte mientras la dibujo con mis dedos, esperando que me dé una respuesta. El mar susurra a mis espaldas secretos que no entiendo, palabras que necesito oir, saber el significado de vivir. La brisa mece mi melena quebradiza dejando caer sobre mis ojos mechones de pelo, para cegarme frente a lo malo que pueda venir. Tranquilidad embarga mi alma que suspira por hallar la necesidad tan buscada. Analizando cada momento vivido, veo lo que he conseguido, realizarme, tener a quienes necesito, no hace falta más, sólo quien está ahí. Sigo mirando al mar, con su reflejo color plata, la noche me cubre, llegamos a un acuerdo, yo dejo al mar con sus secretos y me voy feliz por el camino de regreso.


C. Aliaga C.

jueves, julio 26, 2007

Te regalo mis sentidos


Te regalo mis ojos para así no ver los engaños sufridos, para no notar las punzadas en el corazón, para dejar de sangrar las heridas interiores, para no ver la desdicha de otros ni la propia, para sobrevivir día a día en este caos.
Te regalo mis oídos para no escuchar las mentiras que salen de las bocas ajenas, para no saber como se siente cuando te dulcifican con palabras falsas, para no escuchar las penas que tanto nos afligen que nunca serán compensadas con las alegrías encontradas.
Te regalo mi olfato para no recordar el olor que trae recuerdos, recuerdos junto a alguien querido que ya no está cerca, olores de aquellos sitios que se añoran en lo más profundo de nuestro ser.
Te regalo mi gusto para no saborear ni la victoria ni la derrota, para dejar de notar la amargura y la dulzura, para no degustar el cuerpo del ser amado.
Te regalo mi tacto para no saber las texturas de las cosas, para no saber si una piel es suave, para no saber, si lloramos, que nuestra tez está húmeda, para no poner la mano en los labios evocando un beso o deseando uno no recibido.
Te regalo mis sentimientos junto con mis sentidos, junto mi alma y mi ser, para ser un ser gélido y distante.
Queriendo dejar de abrigar pensamientos, ideas, esperanzas.
Queriendo romper este envoltorio que protege de los disparos que son enviados por hipócritas miradas que su mayor motivación es destruir el objetivo. Personas tan vacías de contenido que sólo albergan materia y aversión. Destructivos.
Queriendo dejar de ser vida para ser nada a la vista del mundo.
Queriendo recorrer todos los recovecos sin ser vigilado por las esperpénticas aves que pisan tierra, que sin pensarlo te desgarrarían la carne aunque se fuese el último suspiro en ello.
Pensamientos sobrantes de unos y faltantes en otros, sadismo y crueldad que superan la bondad y honradez.
C.Aliaga C.

miércoles, julio 25, 2007

La escalera




Una escalera de fondo, y el resto oscuridad, decides ir subiendo peldaño a peldaño para ver que se encuentra al final.
Llegas a un primer rellano y hay una puerta a tu izquierda, va numerada, por un momento dudas si abrirla o no, pero te vence esas ganas de saber.
Cuando la abres te encuentras en un bosque, lleno de árboles frondosos, es de noche, pero la luna llena ilumina con haces los huecos pequeños que quedan entre las ramas, le da un toque mágico. Y aunque el lugar sea desconocido para ti, y no sepas lo que pueda deparar, no te asusta. Decides explorar un poco y te encuentras con criaturas curiosas que jamás habías visto pero se las veía dulces y dóciles.
Después de haber explorado un poco aquel sitio, decides volver a la oscuridad de la escalera y seguir subiendo.
Llegas a la segunda puerta, aquí ya a penas dudas si abrirla o no, abres y el sol te ciega los ojos, y cuando por fin consigues ver te encuentras pisando infinitas dunas de arena, estás en un desierto, y a lo lejos sólo puedes ver un camello paseando bajo el calor, así que decides volver y seguir tu ascenso.
Una tercera puerta, esta vez antes de entrar decides abrir y observar, y te sorprende porque ves un cielo estrellado, con la luna frente a tus ojos, casi pudiéndola coger, y mientras tus ojos siguen las estrellas que tanto brillan, llegan a encontrarse con el fondo, lleno de agua enfurecida que choca contra rocas; te encuentras en lo alto de un precipicio y entre las olas se encuentra un hermosa chica que te invita a saltar al agua. Por momentos te sientes tentado, pero tu raciocinio vence a la tentación.
Sigues subiendo y subiendo, esperando llegar pronto a una cuarta puerta, pero te das cuenta que no llega y por más que subas sólo te encuentras con oscuridad y más escalones. Te sientes agotado, cansado y decepcionado. Te hubiese encantando encontrar una puerta más que descubrir, que explorar.
Cuando estás a punto de abandonar divisas a lo lejos una pequeña rendija de luz, y sonriendo empiezas a acelerar tu ritmo para llegar pronto; la rendija se hace cada vez más y más grande, y ahí está la puerta final.
Esta puerta no va numerada, si no que contiene un símbolo en el centro, a la altura de tus ojos, y te preguntas qué será, la abres sin dudarlo esperando encontrar algo maravilloso, es el premio por haberte mantenido en el camino, pero abres y te encuentras todo oscuridad, la rendija de luz había desaparecido.
Pones un pie dentro para ver si pisas suelo, o se trataba de otro precipicio. Notas piedras bajo tus pies y a pesar de no ver nada y no saber que te está esperando decides seguir andando por aquel pedregoso lugar. Por fin ves luz lejana y te decides a llegar hasta ella.
Ya estás allí, el camino ha sido un poco largo pero por fin estás en la luz y lo que ocultaba la puerta es lo que más deseabas ver y tener, así que esta parte te corresponde a ti soñarla.

C. Aliaga C.